Esto es guerra

Quizá el presidente Ollanta Humala no disfrute tanto estas fiestas como antes. Incluso ya no viaja tan seguido. Según el periodista Raúl Wiener, el mandatario en estos momentos se ocupa de revisar informes que mencionan a ciertos miembros del APRA quienes estarían buscando establecer contactos en la Policía con la finalidad de organizar una huelga contra los maltratos que consideran estar recibiendo por parte de este gobierno. Además, vendrían tramando también que junto con esto impere el caos social para así demostrar lo vulnerable de esta gestion (algo similar a lo ocurrido durante el mandato de Velasco en el 75).

Los saqueos y tropelías de ese tristemente recordado 5 de febrero de 1975, fueron capitaneados por hordas apristas. Foto: Blog Alfo Panfichi
Los saqueos y tropelías de ese tristemente recordado 5 de febrero de 1975, fueron capitaneados por hordas apristas.
Foto: Blog Alfo Panfichi

La idea se hace factible al saber que las fuerzas armadas le han perdido la confianza al gobierno de turno, sobre todo el Ejército y la Marina que pelean por dominar el VRAEM. También la Policía y el Poder Judicial están descontentos; incluso el grupo editorial más fuerte del país lo tiene constantemente en la mira.

Humala las ve negras. Ya se ha peleado con la izquierda y ahora lo apabullan la derecha, medios de comunicación y demás poderes fácticos. Los resultados de la Megacomision están a la vuelta de la esquina, tal vez comience la censura social y puede que el APRA vuelva a depender del fujimorismo para contar con sus votos. Así, el caso López Meneses aparenta ser una falsa prueba para demostrar cómo el gobierno puede seguir andando pese a la crisis. Pero la pregunta cae por si sola: ¿qué ocurriría con una crisis mayor?

Las movidas políticas empiezan a tejerse. El APRA, fujimorismo y toledismo, intentarán darle fin a las investigaciones por corrupción. A Toledo le habrían propuesto retirarse de manera digna del mundo político y a Fujimori le otorgarían el camino a la libertad: la corrupción coludida en su máxima expresión.

Que no nos sorprenda, entonces, otra asonada como la del 5 de febrero, cuando una huelga de policías, ola de saqueos y violencia en Lima remecieron el gobierno de Velasco. Que Dios nos ayude.

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