Ya renunció, “¿cuál es el problema?”

Tuvo que pasar más de un mes para que quizá desde el ala este de Palacio hayan decidido por fin dar luz verde a la renuncia de Dacia Escalante a la jefatura de la Oficina Nacional de Gobierno Interior (Onagi)

Todo indicaría que se trata de una medida del nacionalismo para evitar la interpelación al ministro del Interior, Walter Albán, programada para hoy.

La excongresista que goza de la amistad personal de la pareja presidencial, es cuestionada por el uso proselitista de los gobernadores y por presuntamente haber cobrado sus vacaciones de manera irregular, entre otras denuncias periodísticas.

La renuncia de Escalante no la debe liberar de las investigaciones y en lo que respecta al ministro, la interpelación debe seguir y debe dar respuestas por hechos ajenos. Debe explicar cómo ha sido utilizado estos fondos”, señaló Alberto Beingolea.

En la misma tónica, el legislador Héctor Becerril consideró que el ministro Albán deberá responder también por qué no tomo la decisión inmediata de solicitar la renuncia de la funcionaria ante las evidencias en su contra. Además, advirtió que la Onagi debe ser desactivada, debido a que es utilizada políticamente por el Gobierno.

“Respecto al futuro de la Onagi, creemos y hemos presentado un proyecto de ley para ello, debe ser desactivada, y esa función de los gobernadores debe ser asumida por los jueces de paz”, dijo.

Al respecto, su colega Mauricio Mulder indicó que los manejos irregulares al interior de la Onagi tienen que ver con la intención del gobierno de usar la estructura y recursos del Estado para crear bases partidarias.

“La convirtieron en una oficina nacional con rango de ministro y empezaron a darle una enorme cantidad de dinero (…) con la finalidad de generar una base social para el partido Nacionalista, es decir, un partido que no tiene bases a través del Estado con gente pagada y rentada”, declaró.

Al margen de la “renuncia” de Escalante y la interpelación a Albán, el quid del asunto está en si es necesaria o no la existencia de la Onagi, una oficina que supervisa la labor de los gobernadores de todo el país pero que en el camino, al parecer, perdió el norte.

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