La reforma del transporte no debe parar

Lima, nuestra ciudad capital, ha crecido de manera desordenada en las últimas décadas. La planificación vial y urbanística ha estado casi siempre relegada a las visiones de corto plazo. Movilizarse a través de la ciudad de los reyes es el martirio constante de millones de usuarios que no pueden desempeñar de manera óptima su rutina diaria.

El paro convocado hoy por un sector de los transportistas ha sido un rotundo fracaso. En la plaza 2 de mayo se contaban menos de 20 personas y la marcha al congreso se tuvo que cancelar. El paro no fue acogido y en su gran mayoría los usuarios del transporte público no tuvieron inconvenientes para desplazarse. ¿Será que por fin transportistas y usuarios están dispuestos a terminar con el caos de la ciudad?

Apegados e informales

Fujimori permitió la llegada de combis y servicios informales de transporte. Desde entonces la ciudad ha ido colapsando de a pocos. No solo hablamos de desorden en el transporte y pérdida de valiosas horas con la cara aplastada contra un vidrio -en el mejor de los casos-, o contra el cuerpo de otro pasajero en inoportuna intimidad. También hablamos de las numerosas muertes que se registran en nuestras calles.

Choferes y usuarios: la culpa es compartida hasta cierto punto. En ambos casos hay un serio problema de civismo: no respetamos las normas más básicas de convivencia. Los peatones cruzan por donde mejor les parece y los transportistas ven a sus usuarios como animales de carga. De nada sirve adquirir modernas y espacios unidades de transporte si no sabemos usarlas.

El paro fue un fracaso

La gestión de Susana Villarán en Lima es constantemente criticada. A veces con razón y otras solo como deporte -aunque le llamen crítica constructiva-. La reforma planteada por su administración es urgente y es válido exigirle prontitud. La alcaldesa ha asegurado que con esta reforma 5 millones de usuarios se beneficiarán. El beneficio es para todos los limeños. En cada uno de los conos y en cada rincón de la ciudad.

Por eso, es más que grato que el paro convocado por Julio Rau Rau, presidente de la Corporación Nacional de Empresas de Transporte (CONET), haya sido un fracaso. El derecho a protesta es legítimo y necesario para asegurar una verdadera democracia; pero lo que Rau Rau y compañía pretendían es repudiable en tanto lo que se exige en realidad es impunidad. ¿Es acaso justificable que choferes que acumulan papeletas de infracciones como adolescente granos en la cara, no sean sancionados?

Estos transportistas cuestionan la legalidad de las infracciones que se les ponen incluso cuando las “fotopapeletas” no dejan lugar a reclamos. No queremos más muertes. Queremos una ciudad en donde todos seamos capaces de desarrollarnos en las mejores condiciones y armonía.

Ojo al piojo:

 

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